El silencio

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El silencio en todas las costumbres religiosas y gnósticas tiene un lugar céntrico. Descubre aquí el efecto místico que tiene el silencio para la humanidad.

Filósofos y religiosos de todos los tiempos han examinado que para que la imaginación logre consentir a los aspectos más tenues de la coexistencia y logre realmente conocer lo que es.

Es obligatorio tapar la ideología discursiva, conceptual o representacional. Un similar utilizado en las tradiciones de la India puede utilizar para concebir esto: si poseemos una imagen (por ejemplo, la Luna) manifestada en un cuerpo de agua.

Lograremos verla con mayor luminosidad si la superficie está quieta; si en cambio existen conmociones, ya sea por el viento o por una roca que al caer genera ondas en el agua, no podremos ver con la misma claridad el cuadro.

El matemático y filósofo francés Blaise Pascal escribió: “La desdicha del semejante se fundamentó sólo en una cosa: que es inepto de quedarse inmóvil en su habitación”.

Una proposición que hay que leer a la luminaria del silencio, tanto en su talante gnóstico como en su aspecto más terrenal como un remedio para el estrés.

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En este apartado pretenderemos exponer por qué el silencio y el sosiego son las llaves que transportan no sólo al bienestar sino, a la sabiduría, que es al final de cuentas una felicidad serena y perpetua que conquista la inestabilidad del ánimo.

Es exclusivamente el individuo que es competente de calmar su imaginación y sus agitaciones quien puede ver la realidad. Podemos interpretar: “Permanece quieto y te conocerás a ti mismo y a los dioses”.

La expresión de Pascal igualmente puede concebirse en correspondencia a la concepción de Heidegger del “pensamiento contemplativo” que especula al Ser, a discrepancia del pensamiento frívolo, representacional o calculador.

Heidegger insinúa que para para lograr esta inclinación contemplativa es forzoso “esperar”.

guardar silencio

Este esperar es quedar propenso a la apertura del Enigma, al claro del Ser (que a su vez también nos espera); se alterna de un esperar que no espera nada determinado, una espera sin objeto o fin, una espera pura e íntegramente abierta.

Una espera meditabunda. “No convenimos crear nada en absoluto, sin otra cosa esperar”, dice Heidegger en el texto Diálogos en un pasaje de campo.

Hay que educarse a no hacer nada, como expresa Pascal, y hay que cultivarse a esperar, que es asimismo algo así como estar al corriente en una habitación quietos (significa pensar y contemplar lo más cercano e íntimo que es el Ser).

Al hacer esto, dice Heidegger, nos tornamos impresionables a la voz del Ser, y si la seguimos nos logramos transformar de tal forma que todo movimiento se vuelve agradecimiento.

Aquí Heidegger cobra una longitud mística análogo a la de Meister Eckhart, quien insinuó que si nuestra sublime oración es “dar las gracias” eso es bastante para el discernimiento de Dios.

Aunque este esperar, esta tendencia meditativa no es puntualmente lo mismo que el silencio, sí es manifiestamente una etapa mística similar al wu-wei taoísta, un hacer sin hacer, una variedad de concentración meditativa sin energía o voluntad.

La concepción clave aquí es Gelassenheit, que ha sido traducido al español como “imperturbabilidad”, o “ecuanimidad” y que alude a dejar ser, a una liberación.

Una destreza; se trata, según el propio Heidegger, de un acervo ante el Ser que deja que las cosas sean en sí propias, “en su misterio e irresolución”. Heidegger llama a esto una forma “superior de operación”, emparentada con la espera.

Es a la vez “un acto preferente que sin embargo no es ninguna diligencia”. Así el Gelassenheit “yace más allá de la elegancia entre actividad y pasividad” y del “dominio de la voluntad”, algo que suena dignamente a una incongruencia taoísta.

En el Tao Te Ching leemos: “el sabio actúa sin crear nada”, “El Sendero es siempre inactividad, y sin embargo nada queda sin descubrir”, o “La más alta virtud es no hacer nada. Y, sin embargo, nada necesita hacerse.

La más mengua virtud hace todo. Y, sin embargo, cuantioso queda por hacerse”

El silencio es provechoso para nuestra raciocinio es algo que nadie apostaba hace unos años, sobre todo los adultos y en general las descendencias de personas más mayores.

Desde hace unos años el mundo se ha tornado mucho más estrepitoso y parece que no podamos coexistir sin algún tipo de sonido a nuestro alrededor, sin estar conectados a algo: televisión, radio etc.

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¿Qué decir de la rutina excesivo de los auriculares y el móvil?

Lo observamos cada vez más en diversos jóvenes y no tan jóvenes, gente invariablemente acoplada a unos auriculares incluso dando una caminata por el campo o practicando algún deporte.

Cuidado porque el oído debe estar alerta y vivimos derrochando el contacto con sonidos naturales más suaves y gustosos como el de las hojas de los árboles al ser movidas por el viento o el canto de los pájaros.

Existimos en un mundo ruidoso y pesado, donde el silencio es cada vez más dificultoso de conseguir. Esto puede inquietar a nuestra salud y repercutir negativamente sobre nuestro cuerpo.

Hay varios conocimientos científicos que explican por qué el silencio puede beneficiar al cerebro.

¿Cuántos instantes del día transitamos en silencio total?

Hazte esta pregunta. Posiblemente la contestación sea “muy pocos” o incluso “ninguno”.

A continuación, te referimos las razones que exponen por qué el silencio es bueno para el cerebro y consiente a las personas sentirse menos estresados, más céntricos y ser más creativos.

El silencio ha sido fuente de muchas deliberaciones a lo largo de todas las épocas. Al mismo tiempo, hemos impregnado los sitios en los que existimos con tantos ruidos que cada vez es más arduo encontrarlo.

Esto crea que cada vez sean más a los hombres que al no escuchar ruidos experimentan un precipicio dentro de ellas mismas.

Poseemos un oído que hoy está estimulado excesivamente. Lo más peligroso es que casi todas esas instigaciones auditivas que recibimos del exterior son más o menos alarmantes.

Ruidos de coches, bullicio, músicas estridentes, pitos, timbres… en fin… nada que inspire calma.

El silencio en las prácticas observadoras de la India y el Tíbet

meditation

La India es un país que quizás no haya contribuido tanto al avance de la tecnología y de la ciencia que consienten, entre otras cosas, que inquiramos la profundidad del espacio universal con poderosos aparatos.

Sin embargo, su aporte al nivel de lo que conseguimos llamar ciencia interna o de una norma del conocimiento de la naturaleza de la mente es difícil de igualar.

Particularmente le debemos a las prácticas que se derivan del movimiento védico el desarrollo del “samadhi”.

Un vocablo que tiene numerosos significados, pero que a grandiosos rasgos podemos traducir como “serenidad” y “concentración”, y que etimológicamente hace mención a “unir” o “perfeccionar” (en relación a la mente).

Una designación más que aparece de los Yoga-sutras de Patanjali es la de enajenación o logro espiritual, equivalente al nirvana.

Podemos decir que el verdadero arrobamiento es la calma, la constante quietud de la cual brota la dicha, que es una variedad de luminosidad creativa.

Esta es la imagen védica de la creación, una luz que empieza a relumbrar en las aguas calmas de la mente.

El maestro de meditación y físico Alan Wallace sugiere que el samadhi es el telescopio Hubble de la mente y que lograr amaestrar lo que la tradición contemplativa budista ha mapeado como diferentes etapas de absorción meditativa.

La generación de samadhi es el requisito esencial para alcanzar los estados más altos de sabiduría.

En el budismo esto se lleva a cabo a través de la meditación shamata, la cual al producir samadhi da pie al vipassana (la visión clara introspectiva). “Una vez que la estabilidad se logra, entonces el misterio puede ser revelado”, escribe Wallace.

El gran experto budista tibetano Longchen Rabjam expone esta misma idea de cómo son la quietud y la ecuanimidad lo que admite que alcancemos el discernimiento de la verdad.

Señal que en el budismo mahayana es personificado como la diosa Prajnaparamita (“la diosa de la perfección de la cognición trascendental”).

Lo que descubre el practicante que consigue el silencio de la mente es la insipidez (la interdependencia de todos los fenómenos) que tiene un carácter resplandeciente, una cualidad cognitiva pese a que no es una cosa:

Concibe que los fenómenos [dharmas] del samsara y el nirvana no tienen naturaleza conveniente y reposa imparcialmente sobre eso.

Asienta la mente sin transformación externa hacia las cosas compactas ni interna en reclusión a la concentración.

Entonces, al no referenciar ningún fenómeno que sea ajeno que eso, la mente dualista razonada se hunde en un estado igual al espacio, el cual se expande hacia todos los límites, y es llamado “prajna-paramita”.

Aquí Longchenpa hace informe a una reflexión sin esfuerzo, a un estado indisputablemente adelantado pero a la vez completamente natural en el que la mente se ha aquietado y deja de colorear con sus propias producciones.

Tanto los fenómenos externos que percibe como los internos. Al reposar en este estado la mente se torna consecuentemente extensa como el espacio mismo, una expansión que domina todos los fenómenos pero que no se ase de ninguno.

Este estado, que en realidad es la naturaleza primigenia de la mente, es conocido como rigpa en la costumbre tibetana. Longchenpa ahonda:

Dentro de la brillante vacuidad de rigpa, mientras yacemos en la destacada luminaria natural sin involucrarnos con nada, la luminosidad de los aspectos externos no tiene límites y los sentidos yacen relajados y libres.

Ya que no hay ofuscación de qué asirse, los objetos en el campo de las trazas no se redifican.

En el vasto silencio existencial de la luz clara inherente, en la inacabable matriz radiante que no tiene iniciación, las apariencias son como reflejos en un lago pelúcido.

El mutismo en el zen

No hay duda de que la tradición del budismo zen tiene una de las relaciones más ricas e inseparables con el silencio.

De hecho, el silencio es su establecimiento a la vez que su posterior florecimiento: el principio y el final se hallan en el silencio de la entrega del Buda y en el silencio de la realización del observador.

Que reconoce al practicar zazen que siempre ha sido Buda (se dice en el zen que el silencio que se saborea cuando uno medita, incluido en la mente de un aprendiz, es ya Buda).

En uno de los contenidos clásicos del zen, Denkoroku (Crónicas de la transferencia de la luz), el maestro Keizan narra:

Ante un congreso de 80 mil monjes en el monte Grdhrakuta [monte Buitre] , el Buda mantuvo una flor en su mano y guiñó el ojo. Ninguno en la asamblea entendió lo que estaba haciendo, y permanecieron en silencio.

El Buda sostuvo una flor y mostró que no estaba cambiando. Mahakashyapa sonrió para manifestar que era inmortal. De esta forma Shakyamuni y Mahakashyapa se conocieron y sus movimientos se entremezclaron.

El entendimiento perfecto y puro no involucra la mente que discrimina, así Mahakashyapa se sentó en meditación y cortó la raíz del pensamiento.

Esta leyenda narra el comienzo del zen, una transmisión de la luz de la conciencia budista que ocurre en silencio, y prolonga 2 mil 500 años después.

En un linaje inacabable de maestros y discípulos que primordialmente se dedican a cultivar el silencio. El silencio es el secreto que al concebir surge como la flor de la iluminación, pero eso que se concibe no es más que silencio.

Percibiendo con el silencio

Más allá de que estos estímulos transgredan en nuestro estado emocional, la ciencia también ha probado que afecta el cerebro.

Según un estudio llevado a cabo en Alemania por el Research Center for Regenerative Therapies Dresden, hay procesos cerebrales que solo se logran producir a cabo en silencio.

Hasta hace poco se pensaba que las neuronas eran incapaces de regenerarse. Sin embargo, con el perfeccionamiento de la neurogénesis se ha justificado que esto es un desliz.

Todavía no está muy claro qué es puntualmente lo que origina la regeneración neuronal y cerebral. Pero ya hay rastros valiosos al respecto, y una de ellas es el silencio.

Los científicos alemanes hicieron en principio un ensayo con un grupo de ratones. El estudio radicaba en dejarlos en completo silencio durante dos horas al día.

Al mismo tiempo se haría una investigación de sus cerebros para ver si esto causaba algún cambio.

El resultado fue concluyente. Tras un tiempo de estar sometidos a esta práctica, pudo observarse que en todos los ratones experimentados se había producido un desarrollo del número de células dentro del hipocampo.

Esta es la región del cerebro que sistematiza las emociones, la memoria y el aprendizaje.

Los expertos también verificaron que las nuevas células nerviosas se integraban gradualmente en el sistema nervioso central y que luego se dedicaban en diferentes funciones.

En conclusión, el silencio había derivado un cambio muy efectivo en el cerebro de los animales.

El silencio ayuda a constituir la información

El cerebro nunca reposa, incluso cuando en un estado de calma estamos totalmente quietos o dormimos. Este asombroso órgano sigue funcionando, pero de una manera desigual.

Cuando el cuerpo descansa comienzan a desarrollarse otros procesos que complementan los que se realizan cuando estamos activos.

Lo que sucede esencialmente es que se produce una especie de purificación. El cerebro valora la información y las experiencias a las que hemos estado expuestos a lo largo del día.

Luego constituye y completa la información distinguida y desecha lo que no es importante.

Este proceso es plenamente inconsciente, pero produce efectos conscientes. Por eso ocurre que a veces hallamos respuestas durante el sueño.

O conseguimos ver las cosas desde un nuevo punto de vista, posteriormente de haber reposado algunas horas.

Lo interesante de todo esto es que un proceso similar también se origina cuando quedamos en silencio. La ausencia de estímulos auditivos posee casi el mismo efecto que el descanso.

El silencio, por lo general, lleva a que especulemos en nosotros mismos y esto acrisola las emociones y reafirma la identidad.

Los significativos efectos sobre el estrés

El silencio no simplemente nos vuelve más inteligentes, creativos y seguros. El silencio también tiene efectos muy auténticos sobre los estados de angustia. Los seres humanos somos muy impresionables al ruido.

Tanto, que muchas veces excitamos sobresaltados por un objeto que cayó o por un sonido infrecuente.

Una investigación que se realizó en la Universidad de Cornell halló que los niños que viven cerca de los aeropuertos conservan un elevado nivel de estrés. Y no solo esto.

Asimismo tienen una presión arterial más alta y muestran altos índices de cortisol, la hormona del estrés.

Por fortuna, también ocurre lo inverso. Y esto lo demostró un estudio de la Universidad de Pavia, en el que se verificó que tan solo dos minutos de silencio absoluto son más enriquecedores que oír música relajante.

De hecho, se probó que la presión sanguínea se reducía y que las personas lograban sentirse más despiertas y tranquilas posteriormente de este pequeño baño de silencio.

Como se observa, el silencio produce grandiosos beneficios tanto intelectuales como emocionales. Podríamos afirmar que conservar el silencio, al menos por pequeños deslices al día, es un factor terminante en la salud cerebral.

Con ello, un elemento categórico para mejorar nuestro cambio emocional, salud y calidad de vida.

😱Leer también: ¿Cómo manejarnos emocionalmente?

12 demostraciones que apoyan el silencio

  1. El silencio calma el estrés y la tensión.
  2. Los ruidos fuertes realzan los niveles de estrés, lesionan la audición y la salud en general.
  3. -La contaminación acústica ha dado lugar a la presión arterial elevada en armonía a un artículo inédito del 2004, comunicado por el psicólogo ambiental Dr. Craig Zimring
  4. El ruido causa acrecentamiento de la frecuencia cardíaca
  5. Malestar y merma de sueño son las desviaciones de no persistir en silencio. Esto es lo que achacó al ruido la enfermera y activista social británica del siglo XIX, Florence Nightingale.
  6. El silencio tiene el dominio de liberar el estrés y la tensión del cerebro y el cuerpo. Por eso las indagaciones han justificado que el silencio tiene el efecto inverso.

Como un estudio del 2006 divulgado enla revista “Heart”, fundado en los cambios en la presión arterial y la circulación sanguínea en el cerebro, 2 minutos de silencio es más relajante que escuchar 2 minutos de música relajante.

  1. El silencio vuelve a colmar nuestros recursos mentales. El silencio en nuestro cerebro nos permite restituirnos.

Cuando se terminan los recursos de atención que se encuentran en la parte prefrontal del cerebro, la persona se distrae.

Se halla mentalmente cansada y pasa a tener problemas para concentrarse, tomar decisiones, resolver problemas o generar nuevas ideas.

  1. Teoría de la restauración de la atención. El cerebro puede restaurar sus recursos cognitivos limitados cuando estamos en ambientes con niveles más bajos de información sensorial de lo habitual.

En el silencio o en la tranquilidad de caminar solos en la Naturaleza, por ejemplo, el cerebro puede bajar la guardia sensorial, por así decirlo.

  1. En el silencio, podemos cultivar la red en modo automático del cerebro.

La red en modo automático del cerebro se impulsa cuando nos consentimos soñar despiertos, meditar, fantasear sobre el futuro o meramente dejar que nuestras mentes viajen.

  1. Meditaciones cuando el cerebro está inactivo, logramos aprovechar a darle marcha a los pensamientos, emociones, recuerdos e ideas.

La colaboración de esta red en modo automático nos apoyó a darle sentido a nuestras experiencias, a ser más creativos y a meditar sobre nuestros oportunos estados mentales y emocionales. El silencio es una forma de llegar hasta allí.

  1. La tranquilidad puede restablecer las células del cerebro. El silencio puede hacer progresar el cerebro.

De convenio a un estudio de 2013, informado en la revista Brain, donde se cotejaron diferentes tipos de ruidos, 2 horas de silencio diario permiten el perfeccionamiento de nuevas células en el hipocampo.

Que es una región del cerebro coligada con el aprendizaje, la memoria y las emociones.

  1. El silencio puede ser terapéutico para padecimientos como la depresión y el Alzheimer. La averiguación estableció que estas enfermedades se relacionan con la mengua de la remodelación de neuronas en el hipocampo.

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